viernes, octubre 2

Day 63 – La clase

El auditorio no era ni grande ni pequeño. Pero el público tomó todos los espacios sin grandes dificultades. En total, unos 30 profesores y unos 12 estudiantes del doctorado.

Empecé como un actor, recitando el texto previamente ensayado. Ni siquiera miraba hacia el público, en el afán de no perder el hilo de mi presentación. En el aula se respiraba seriedad mientras sólo se oía mi voz. Silencio. Paro y, de reojo, veo que el decano bosteza. Concluyo la presentación sin saber su real impacto.

Empieza la intervención de mi tutor. Habla de lo suyo. De su libro, vamos. Casi mejor. Reparte al público las portadas de algunos tabloides. Habla de Gordon Brown, de los tories y de las elecciones generales de 2010. Casi al final de su intervención, se acuerda que tiene que comentar mi proyecto y me hace dos preguntas fáciles. Una sobre el supuesto consenso entre PP-PSOE en materia político-criminal. Otra sobre la cultura mediática en España.

Contesto sin grandes dificultades. Empieza el turno de las preguntas. Un bombardeo, pero al estilo inglés. Sólo preguntas indirectas y muy educadas. En realidad, las preguntas eran más en tono de curiosidad. Spain is different. No hubo ninguna crítica insalvable al trabajo.

Fue cuando tomó la palabra el decano. Se mostró en desacuerdo con mis análisis. Él no cree que la prensa escrita sea un factor del proceso de agenda-setting político-criminal. Más bien cree lo contrario. Que los ilustres políticos usan los medios para vender sus “ideas” político-criminales. Además, me preguntó cuál la dimensión de los periódicos que incluí en mi muestra ya que no sería lo mismo estudiar tabloides que diarios como el Financial Times.

De entrada, le contesté que en España no hay tabloides. El público esboza unas carcajadas. Acto seguido le digo que había encontrado los dos procesos en mis análisis pero que, en un primer momento, la acción de los medios fue más determinante. Después, quizás ya no tanto. En esto salen algunos profesores en mi defensa. Otros en defensa del decano. Empieza un debate sin grandes avances.

Fue entonces cuando una profesora lanzó la pregunta que sería fatídica para mí. “¿Cuál es la diferencia real introducida en materia de violencia de género en una de las leyes que estudiaste?” La respuesta era fácil y la tenía en mi cabeza. Pero en castellano. Pienso en dar largas en la respuesta, ante mi limitación retórica. No sabía como decir “lesiones” ni siquiera el chulesco vocablo “pegar” o “golpear”. Decidí arriesgarme. Intenté explicar que si un hombre pegara a una mujer en el ámbito doméstico, será pasible de una pena tres meses superior de lo que si una mujer pegara a un hombre. El problema fue que usé la palabra “spank” para definir “pegar”. En realidad dije, sin darme cuenta, “cachetito”.

No creo que haga falta explicar las reacciones del público a mi "lapsus".

Temperatura: 16 ºC
Posibilidad de lluvia: 29%

Viento: fuerte

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